Ester Huneeus

y el Hogar de Ciegos

Santa Lucía

Hogar Santa Lucía

Recopilación a base del manuscrito de Héctor Mendoza Marín "Camino a la esperanza. Historia del Hogar de Ciegos Santa Lucía (1924-2004)", reportaje presentado a la Escuela de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Arcis para obtener el título de periodista (Santiago de Chile, 2004).

Margarita...

"Fue dejando una estela de polvo en el aire tras de sí. Trataba de levantar los pies lo más que podía, pero el cansancio y la hinchazón - llevaba marcadas casi a fuego las sandalias- se lo impedían. Daba pasos cortos e inseguros, no obstante parecía que el corazón se le iba a salir por la boca. Con su mano derecha asía un rústico bastón de madera, con el que tanteaba el terreno unos centímetros más adelante. En la izquierda, aferraba su preciado tarro que sonaba a cada paso que daba. [...] Unos metros más adelante, sintió los gritos de alegría de unos niños. De pronto, uno de ellos la divisó y la llamó: "¡Margaritaaaaaa!”. El niño corrió como caballo desbocado a su encuentro y se lanzó a sus brazos. Fue tal el recibimiento que el tarro de Margarita cayó estrepitosamente al suelo terroso. Las monedas rodaron y más de alguna se perdió entre el polvo y la maleza. [...]

-"¿Qué pasa?” preguntó la madre. -"La "Ita” trajo mucha plata hoy”, espetó veloz uno de los niños. [...]

La muchacha dijo impaciente: "Mami, hoy estaba en el centro pidiendo igual que toititos los días. Ya llevaba como dos horas pará', los pies se me iban a reventar, entonces me fui a sentar en la vereda cuando dos señoritas se me acercaron. Eran jovencitas, mami, [...] Me preguntaron mi nombre y que qué hacía pidiendo en la calle. Yo les dije que pedía pa´ comer y llevar plata pa´ la casa pa´ darle alimento a mi familia que era harta y que a veces no teníamos ni pa´l pan. Entonces, ellas me dieron todas estas 'moneas' mami” ("Camino a la esperanza", Capítulo primero).

La escena es imaginada. Pero, así o de otro modo, aquel fortuito encuentro de dos jóvenes de 19 años con una muchacha ciega, de su edad, tuvo realmente lugar en una de las calles céntricas del Santiago de 1920. Llevó finalmente, cuatro años más tarde, a la fundación del Hogar de Ciegos Santa Lucía, la primera institución social de ayuda para ciegos en Chile.

Una de esas dos jóvenes era Ester Huneeus. Para esa mujer, más tarde conocida ante todo como Marcela Paz, autora de Papelucho, el Hogar de Ciegos fue durante 25 años, junto con su familia, la obra en la que puso todo su corazón, su cabeza y sus manos.

Los ciegos en Chile. Nace una idea

En esos tiempos los ciegos estaban reducidos a una vida de mendigos, a una intolerable pobreza y marginalidad. A los niños, con frecuencia abandonados por sus padres y recogidos por alguna vecina, se les criaba a menudo en un corral, donde corrían menos peligros. Eran personas abandonadas a su suerte y prácticamente sin posibilidades de desarrollo personal ni integración en la sociedad.

Ester Huneeus y su amiga no pudieron, después de ese encuentro, quedarse con las manos cruzadas. Se reunieron con otras amigas y amigos, decidieron hacer un catastro de ciegos, ayudar en cuanto fuera posible. Pero al final llegaron a la conclusión que "debían crear un hogar donde recibirlos, darles alimento y educación" ("Camino...", p. 18). Las ayuda en esto el Padre Damián de los Sagrados Corazones, quien les sugiere darle al futuro Hogar el nombre de Santa Lucía - una joven mártir de Siracusa, Italia, en el siglo III, declarada por la Iglesia Católica patrona de los ciegos.

En 1923 se realiza la primera reunión de ciegos en el colegio de los Sagrados Corazones en la Alameda. La organizan, aparte de Ester Huneeus, Fanny Fernández, Marta Guzmán, Carmen Morandé, la señora Juana Solar de Domínguez y Elvira Valdés. Llegaron la reunión un número inesperado de ciegos, alrededor de 500.

A continuación se formó un directorio provisorio y las socias abrieron un negocio para juntar fondos: el "Boliche Indio", donde vendían sándwiches, empanadas, pasteles, y más adelante diversas mercaderías importadas de Europa. El deán de la Catedral, el padre José Espínola, decide apoyarlas.

Fundación de la Sociedad. Primeros pasos

La Sociedad Protectora de Ciegos Santa Lucía es aprobada por decreto el 31 de diciembre de 1924. Se escriben Estatutos y se elige un Directorio. Juana Solar de Domínguez es nombrada presidenta, Ester Huneeus secretaria, función que desempeña hasta 1950. El Hogar abre sus puertas en la calle Santo Domingo 2032 con 15 internos, elegidos entre los más necesitados ("Camino..." p. 23). Rosina, una mujer italiana enviada por el padre Espínola, les enseña a leer y escribir en Braille, se cultiva la música y se crea una "Orquesta Santa Lucía" a cargo de Marta Canales. En esto ayudan ciegos adultos que tocan en las calles.

Ester Huneeus, en una entrevista dada muchos años más tarde, cuenta que, al margen de su tarea de secretaria del Directorio, les enseñaba a los ciegos a escribir a máquina y a bailar.

Seis años después se amplía el Hogar y se muda a una casa de dos pisos en Gay 1882 (esquina de Vergara 600).

En esta época, comienzos de los años 30, Chile sufre las consecuencias de la depresión mundial. Es uno de los países más golpeados. Desaparece la industria del salitre, el comercio disminuye en 70%, los obreros de las salitreras se ven obligados a emigrar a Santiago. En 1938 el censo arroja que la mitad de los habitantes vive en conventillos, en condiciones peor que miserables. La mortalidad alcanza en Chile un 25% (10% en otros países como p. ej. EE.UU. y Uruguay).

El Hogar de Ciegos tiene que ahorrar, la comida se hace más escasa, se cuentan los porotos en la sopa. Sin embargo comienzan, gracias a una donación, a construir un edificio en la Comuna de San Miguel – su actual residencia en Salesianos 1190.

Mientras tanto (1928-31) se hacían planes para traer monjas de España, ya que no era posible encontrar en Chile o en Latinoamérica personas con conocimientos especializados para el apoyo social y educacional a los ciegos. Por iniciativa del padre Espínola se toma contacto con un convento de religiosas franciscanas de Valencia, una comunidad que existía desde el siglo XIII, dedicadas a la educación de ciegos y sordomudos.

Franciscanas y Mons. Espínola

Llegan las monjas franciscanas

En agosto de 1931 llegan ocho religiosas al Hogar de la calle Gay, donde son recibidas con números musicales preparados durante meses - y mucho entusiasmo. Las franciscanas tenían una vasta experiencia en materia de ceguera. Conocían y enseñaban el Braille y además aplicaban un orden, una educación basada en valores y principios. Las monjas se ocupan de darles a los niños ciegos educación básica en hábitos sociales, higiene personal, etc. Había estricta separación de sexos. Pero todavía "al ciego se le consideró como enfermo y como un objeto que debía ser tratado en una institución, donde era educado y disciplinado, pero sin esperanza alguna de que retornara a la sociedad". "De aquí al cielo", era la frase con que se recibía a cada ciego ("Camino...", p.44).

Se intensificó y mejoró la calidad de los productos de los talleres de trabajos manuales, que se vendían, en parte por encargo, en parte en "El Boliche Indio". Eso ayudaba a financiar los gastos diarios y la construcción en San Miguel. Aparte de eso se hacia la Colecta Anual Nacional, que duraba una semana, y donde los mismos ciegos salían a las calles con alcancías. La descripción del horario diario es casi monástica, empezando por la misa diaria y obligatoria. Cada minuto disciplinado y reglamentado. ("Camino...", p. 46-7).

Mudanza a San Miguel

Después de ocho años de construcción es posible trasladarse en 1936 al nuevo edificio en un terreno de más de 10.000 m² de superficie, entonces en las afueras de la ciudad.

Niña en la pizarra

A los ciegos se les enseña a valerse por sí mismos, pero sólo dentro del hogar. Braille era asignatura fundamental. Hay una fuerte disciplina y una estricta educación religiosa con confesión semanal obligatoria, comunión diaria. Según confesión de un ciego, tenían 'que "crear el pecado" para tener algo que decirle al padrecito'.

En el Hogar habia también ancianos, atendidos por un médico. A los niños se les educaba con clases en la mañana y talleres por la tarde. Hay clases de música. La Orquesta Sta. Lucía continuaba. De lo que ganaban iba parte a la institución, parte a los músicos, que lograron juntar dinero para comprar una casa o poner una fábrica de escobas. Se introduce el sistema Ballu que les permite dibujar.

La enseñanza llegaba hasta sexto básico, luego se trabajaba sólo en los talleres.

Fútbol en la Escuela Santa Lucía

En 1947 el Hogar fue reconocido como Escuela Básica Particular, con lo que cada niño se hizo acreedor de una subvención. Pero todo eso no alcanzaba y se incrementó el trabajo en cestería, tejidos y escobas. Se mejoró la fabricación de estas últimas con métodos y máquinas de EEUU. Se vendían muy bien. También colaboraban las mujeres fabricando alfombras y chales. Los niños tenían juguetes y aparatos, resbalines y columpios para jugar. Los adultos jugaban a las cartas, dominó, ajedrez... Había clases de gimnasia y deportes...y dos radios, una para hombres, otra para mujeres. Poco a poco además algunos ciegos adultos se van independizando, se casan, viven en una población de casas separadas y forman una familia.

Cambio de rumbo

En 1950 surgió dentro del Directorio, que seguía formado por las mismas socias de 25 años atrás, un conflicto, acerca del cual es difícil saber detalles, puesto que no quedan documentos escritos ni testigos dispuestos a proporcionar información. Posiblemente tuvo su origen en una divergencia acerca del método educativo de las monjas, que por su rigidez ya no se avenía a la mentalidad de un país que se modernizaba bajo influencia estadounidense. Quizá su principal consecuencia fue el alejamiento de las monjas franciscanas. Ester Huneeus, a raiz del conflicto, abandona el Directorio y desde entonces no participa en el curso de la institución, aunque conserva una amistad personal con algunos ciegos que la visitan periódicamente.

La salida de las monjas fue sentida fuertemente por los ciegos y condujo a una severa crisis. Sin embargo esta pudo ser superada. Durante un breve tiempo asumen la dirección del hogar otras monjas, del Corazón de María, que no son especialistas y solo se ocupan del orden. En 1956 empiezan a retirarse ya que el Directorio encuentra en Roberto Küpfer, antiguo alumno y él mismo ciego, una persona capaz de asumir el cargo de director.

Desde ese año la Escuela se seculariza definitivamente. Roberto Küpfer está en contacto con la Universidad de Chile y con instituciones en los EE.UU. La Escuela tiene 147 alumnos y es propietaria de 37 casas en las calles adyacentes, destinadas a ciegos que quieren formar familia. Los cursos se van haciendo poco a poco mixtos y se contratan profesores laicos que aprenden Braille.

Se abren nuevos campos

Una ex-profesora, Elsa Soto es nombrada en 1959 nueva directora luego de intensa preparación, y conduce la Escuela por los siguientes 30 años. Se acentúan los esfuerzos por integrar a los ciegos a la sociedad. Después del sexto básico los niños asisten a colegios normales de los alrededores, con dificultades iniciales que logran ser superadas. Se incorpora el uso del bastón, muy importante para una vida independiente.

Otro aspecto de este desarrollo fue un esfuerzo por recibir ciegos con déficit en otros campos ("multidéficit"); esto debió ser sin embargo abandonado porque exigían una dedicación que obligaba a descuidar a los otros. También se encontró colaboración en un empresario del acero, Carlos Herrera, que ayudó económicamente y ocupaba ciegos en su industria. ("Camino...," p. 83). Hay también avances en los métodos pedagógicos, que se individualizan para aprovechar al máximo las posibilidades de desarrollo de cada uno.

Patio de la Escuela

En los años 90 el Estado toma más iniciativas con la creación del Consejo Nacional de Discapacidad en Mideplan, el Fonadis. En la – hoy así llamada – Escuela Santa Lucía se innovó y se desarrollaron métodos que han sido adoptados por otras instituciones en Chile y en Europa (p. ej. el uso de macrotipos).

La Escuela Santa Lucía hoy

En la actualidad se sigue con los cursos hasta sexto básico, para que los alumnos luego entren a los colegios regulares. Hay mayor colaboración de los padres, hay espacio para desarrollo personal, clases donde se puede hablar de problemas personales. ("Camino...", pp. 93-4). Cuando salen a los colegios regulares se les sigue dando apoyo.

Escuela Santa Lucía ahora

La meta es encontrarles oportunidades laborales y se ofrecen programas de capacitación, en los que se buscan los campos donde desarrollar una competencia particular, p. ej. masajes (masoterapia). Así llegan a formar microempresas. Para mantener la institución se ha creado una Red de Amigos con aproximadamente 500 socios que entregan un aporte mensual.

Los planes futuros de la Escuela son tener más alumnos, crecer, remodelar el edificio. Dejar de ser Hogar y ser solamente "Escuela". "Queremos hacer una Escuela de Excelencia" (Osvaldo Pérez, actual Presidente del Directorio) ("Camino...", 101) y realizar su lema actual:

Cambiando la visión sobre la ceguera.