El monstruo.

Cuento de Gabriel (10 años, de Santiago)

T odo comenzó un oscuro día de invierno. Había neblina y la lluvia caía a chorros. Todos estaban en sus casas menos yo.

Había salido a escalar la cordillera. Estaba cansado, hacía frío. Yo sabía que si no me refugiaba pronto no sobreviviría.

No muy lejos de allí vi una caverna. No tuve más remedio que entrar y refugiarme. Luego me dormí. Eran las doce de la noche cuando desperté. Al abrir los ojos vi una intensa luz proveniente del interior de la cueva. Sentí miedo y a la vez curiosidad. Decidí ir a investigar.

Me adentré en la cueva para investigar de donde venía esa misteriosa luz. La luz era cada vez más intensa. Yo sabía por la intensidad de la luz que me estaba acercando.

Por fin había llegado al fondo de la caverna. La luz era tan intensa que no vi nada solo vi la silueta de un gato.

Cuando la luz pasó vi a un gato, pero no era un gato común sino que era un gato celeste con manchas moradas. Era tan raro que sin pensarlo dos veces lo acaricié. Al instante me rodeó un aura celeste. El gato no tardó mucho en quemarse en un fuego azul.

Estaba muerto de miedo, la única opción que encontré fue correr.

Corrí y corrí por los túneles de la caverna hasta llegar a la salida. Al salir descubrí que había una tormenta de nieve. No me importó y seguí corriendo. Corrí con todas mis fuerzas, estaba cansado, la nieve me caía encima pero no podía rendirme.

Y de repente me transforme ¡en un monstruo! pero lo curioso es que era bueno; yo era un monstruo amigable.

F I N