Titán

Cuento de María Pia (12 años, de Viña del Mar)

Hace mucho tiempo que mi papá no regresaba de su viaje. Él era marinero y muchas veces tenía que ir de viaje, pero siempre llegaba el día que nos había prometido. Por eso mi mamá y yo estábamos muy preocupados. No tengo más que un hermano y éste es pequeñito. Mi papá era el único que nos podía mantener. Por eso le prometí a mi mamá que lo encontraría.

Y partí de viaje sin más compañía que una foto arrugada y gastada de la boda de mis padres. Un amigo de mi papá me iba a llevar en su barco a buscar a mi padre en la ruta en la que iba a navegar.

En el primer día de viaje conocí a toda la tripulación. Yo trabajaba como último grumete para servir de algo. Eso significaba que me tocaba hacer los trabajos más duros. Pero en la noche todos los grumetes nos juntábamos para oír contar cuentos al viejo lobo de mar. Él se llamaba Job. Era un gran amigo. Una noche de tempestad el viejo Job trató de salvar a un grumete, que se caía por la escora. Así el pobre se cayó y se murió en esas crueles aguas.

Ya habían pasado unas tres semanas desde que partió El General (así se llamaba el barco), cuando empezaron a suceder los sucesos que marcaron mi vida para siempre, convirtiéndome en un hombre rudo.

Cuando ya íbamos como a la mitad de la ruta de mi padre, vimos un barco que parecía haber sido víctima del mar. No mucho tuve que rogar para que el capitán me dejara investigar.

Luego de encontrar el barco busqué la bitácora. Estaba en un camarín apartado. De ella se leía:

"Al amanecer del día trece el barco "Titín" partió surcando los mares. Luego de tres horas de viaje un grupo de ballenas jóvenes aparecieron a babor. Éstas hicieron fruncir el ceño de muchos: Era de mal agüero. Sin otras novedades el viaje prosiguió. Una pequeña corbeta se acercó, nos avisó que se avecinaba una tormenta. Esto nos haría escorar.

En la mañana al izar las velas y levantar las jarcias, una ráfaga de aire nos avisó que el peligro acechaba. La proa está partida en dos y no hallamos salvación."

No pude continuar leyendo porque se me habían nublado los ojos con las lágrimas. Mi padre había muerto.

F I N